lunes, 06 febrero 2012

Los Traje de Baños en el Siglo XIX

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Hacia mil ochocientos cincuenta y cinco, el periódico londinense The Times ya dedicaba varias columnas al escándalo que suponía el uso de los trajes de baño que, en un principio, no se distinguían mucho de los de calle. El de las damas, consistía en un vestido de franela de corpiño ajustado y cuello alto, con mangas hasta el codo y falda hasta las rodillas. Pero eso no es todo, la austeridad del vestuario se complementaba con pantalones bombachos, medias negras e incluso, hasta zapatillas de lona. El de los caballeros era bastante similar.


trajesdebanoProbablemente, algún antecesor suyo recuerde alguna foto de estos primeros bañistas que no tenían inconveniente en sumergirse disfrazados de marineros. Aquellos, trajes tenían muy poco de práctico y menos aún de atractivo. A la ridiculez que de por sí suponían, había que agregarle el peligro de que los bombachones, confeccionados con gruesas y duras telas de tapicería, se volvieran aún más pesados por el agua y terminaran en los tobillos.


La prenda, fue evolucionando conforme a los progresos de la industria textil. En este sentido, la historia del traje de baño le debe mucho al danés Jantzen, que durante años experimentó con distintos géneros. Por aquella, época su apellido llegó a ser sinónimo del traje de baño elástico que se ciñe al cuerpo, un invento de su autoría que más tarde, ya cerca de 1930, dio lugar al nunca suficientemente ponderado "dos piezas". La revolucionaria, novedad playera era este bañador sin espalda y de breteles finísimos que dejaba muy poco librado a la imaginación. Sin embargo, fue el diseñador francés Louis Réard quien 16 años después despertó verdadera indignación. Su colección de mallas dos piezas escandalosamente pequeñas convulsionó el mundo de la moda marcando un antes y un después cuya impronta perdura en nuestro presente.

 
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